Mazo de descartes

Atardecer en la Villa de Almagro

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 Dejad que os cuente la receta para elaborar un momento excelente.

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Almagro e iglesia de San Bartolomé.

Ingredientes: una tarde de sábado cualquiera, principios de primavera, un aire templado que sopla y todo ello cocinado a fuego lento en la siempre encantadora, bulliciosa y bonita villa de Almagro ubicada en Ciudad Real, tierra de andanzas quijotescas.

Un detalle técnico para no perdernos y disfrutar del pastel: Almagro fue fundada en 1212 tras la batalla de las Navas de Tolosa perteneciendo a la poderosa Orden de Calatrava. Según cuentan las leyendas dicha orden fue refugio de los enigmáticos caballeros templarios tras su persecución por la iglesia de Roma, dando nombre al Campo de Calatrava, comarca donde se ubica esta villa.

El primer paso para elaborar nuestro momento excelente fue recorrer las calles de Almagro, una vez logrado aparcar el coche en lugar cómodo y seguro, en dirección a la Plaza Mayor.

¡Oh! Pasear por Almagro, atravesar sus calles estrechas de fachadas encaladas y grandes balconadas, repletas de mesones típicamente manchegos donde poder disfrutar de unas buenas tapas de migas o pisto junto con una buena copa de vino de Valdepeñas, dándole así descanso a unos pies castigados, que todo hay que decirlo, por andar sobre un suelo empedrado al más puro estilo medieval.

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Arqueta con fachada encalada y zócalo azul.

¡Prestad ahora mucha atención! ¡Se acerca un paso importante, casi esencial! Al fin me adentré en la Plaza Mayor y nada más entrar me invadieron sentimientos de excitación, emoción y familiaridad.

Sobre el edificio del Ayuntamiento me saludó una luna llena y pletórica que destacaba sobre un cielo azul celeste aún más azul que los zócalos de las fachadas que salpican el casco antiguo, compitiendo con este estupendo atardecer.

Bueno, ya se que en este momento estáis hipnotizados, incapaces de decir palabra pero vuestros ojos no deben quedarse ahí. Lo sé, lo sé. Es tarea difícil pero haced el esfuerzo o el pastel se perderá. Debéis posar, como yo hice, vuestros ojos sobre los laterales de la plaza y veréis una obra de arte.  Se trata de los pintorescos edificios verdes que la componen, sostenidos por sus espléndidos soportales de piedra, ochenta y cinco para ser exactos. ¡Que los he contado, palabra!

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Terrazas en la Plaza de Almagro.

Bajo los soportales pude disfrutar de decenas de bares y tiendecitas de artesanía donde poder comprar, entre otras muchas cosas, mantelerías y sábanas bordadas con encaje de bolillos para completar así el “ajuar almagreño”, como diría mi abuela, mujer sabia donde las hubiere. Bueno, llegamos a la mitad de la receta, más o menos. Recuerdo buscar en mi bolso el ingrediente esencial que cocinará nuestro momento excelente. Pero aún es pronto, el bizcocho debe hacerse un poco más y lo dejo hornear sentada en una terraza, en inmejorable compañía mientras contemplo los últimos vestigios del día. Me asombro del ajetreo turístico por la plaza, a la par que mis labios paladean una cañita fresquita y… ¡unas esperadísimas berenjenas de Almagro!

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Plaza de Almagro con luna llena.

Pero ya queda poco, no os impacientéis. Me levanté de la silla dejándole una propinilla al amable camarero que nos había atendido y me dirigí hacia el tumulto de gente que se arremolinaba en el centro de la plaza. Fue en aquel preciso momento cuando el reloj del Ayuntamiento comenzó a sonar, atenuando el bullicio de las golondrinas casi atronador en la noche. Eran las ocho de la tarde. Segundos después, las campanas de la antigua iglesia de San Bartolomé tañeron anunciando misa pero el motivo es lo de menos, lo importante es que pareció abrirse un portal hacia otra época más oscura. Una época de tabernas, hombres de capa y espada, damas en apuros y monjes entonando sus cánticos. ¡Uff! Os concedo un respiro. ¿O no? Justo en ese momento el pórtico de madera se abre y el tumulto comienza a adentrarse en la guinda del pastel.

Si, ya llegó el momento, para mi siempre tan especial. Ese pórtico deja paso al Corral de Comedias, antiguamente llamado Mesón de Comedias de Almagro. Fué construido por Leonardo de Oviedo, presbítero de la iglesia de San Bartolomé. Es único, original y uno de los mejores conservados de España (s. xvi). No puedo describir lo que siento cada vez que piso este mausoleo del teatro clásico; constituido por el escenario, las gradas sustentadas por cincuenta y cuatro pilastras de madera, la alojería (nuestra actual cafetería), la cazuela (zona ocupada por las mujeres) y el piso inferior todo él empedrado. Podría aburriros con más detalles técnicos pero creo que la guinda del pastel, el ingrediente esencial, es mejor disfrutarlo con imágenes más que con mil palabras. ¿Lo veis? ¡Mágico!

Obtenido de

Corral de Comedias de Almagro. Fuente: http://www.conoceclm.com

Tuve la suerte de obtener entradas en la zona de palcos y de pronto me sentí transportada a una escena de la oscarizada película “Shakespeare in Love”. Comienzo a tocar el cielo cuando la Compañía de Teatro de Almagro sale al escenario para representar la genial Celestina de Rojas. Y así  en aquel lugar mágico, anciano e imperecedero, rodeada de aplausos dejé volar la imaginación y saboreé uno de mis momentos excelentes. Por ello he querido compartir esta receta con todos vosotros. ¡Qué la disfrutéis!

 

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Autor: Jana

Crea magia con tus propias manos porque como un sabio dijo un día "la vida es sueño y los sueños, sueños son."

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