Mazo de descartes


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Las brumas del destino

normal_Aine~0Los rayos del sol parecían ganarle un pulso a la neblina típica del mes de abril, dejando entrever las verdes colinas de la isla esmeralda. Así era como los hombres de la mar llamaban a Irlanda. Si, la vieja isla atlántica donde las antiguas historias de  luz se entremezclan con historias de sombras, en un mundo regido por sus propias leyes y la fortuna que repartían sus dioses. Si, justo allí y en un pequeño poblado, Luam batallaba no solo contra una vida cotidiana que odiaba sino que luchaba contra su propio corazón. Sigue leyendo


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Bailando con la oscuridad

images7ZTDP1XCAún le temblaban las manos por la emoción de haber recibido la carta de invitación. No esperaba en absoluto haber sido invitada a la recepción de bienvenida del hombre más rico de la comarca. No es que ella fuera una mendiga, nada más lejos; pero era una solitaria y tímida jovenzuela casadera, una más en aquel pueblo perdido de la llana Soria.

Se encontraba realmente intrigada pues pasadas dos semanas desde su llegada, nadie había sido testigo de la presencia del escurridizo heredero. Nadie salvo el alcalde, algún terrateniente y el desaparecido capataz. Los sirvientes de la antigua mansión no se habían percatado de su ausencia y mucho menos de su aparición. Tal mutismo vertía una corriente de rumores y leyendas oscuras sobre el joven. Leyendas alimentadas por mentes inquietas y la proximidad de Todos Los Santos. Ella misma sabía de memoria cada rincón de aquella casona y aún el frío recorría el cuerpo de Angélica cuando recordaba la estancia en su interior, escasos días atrás. La invitación vino acompañada por una partitura para violín y entonces se le heló la sangre… Sigue leyendo


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Fuego en la orilla

Se podía ver perfectamente la oscilante luz de la hoguera, tras los pequeños setos de la rivera del arroyo. Había tres personas sentadas a su alrededor, susurraban algo, como una plegaria a un dios. No parecían viajeros, ni ningún tipo de ladrones, no parecían el tipo de persona que esperabas encontrarte en medio de la noche, en medio del bosque, en medio de la nada completamente alejado de las rutas comerciales.

Nos miramos a los ojos, con una simple mirada era suficiente para saber que pensaba el otro de la situación, a ninguno de los dos nos gustaba lo que estábamos viendo, había algo en todo ello que nos era extraño, algo que no encajaba, algo de lo que la experiencia nos decía que era mejor huir y alejarnos de aquel lugar. Una segunda mirada confirmó que éramos dos completos insensatos, decidimos agazaparnos y esperar en las sombras. Sigue leyendo


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Los viajes de Hada (III). La selva y el Árbol del Arco iris

untitledKhor, el elfo del lago, extiende su mano y con un simple movimiento de dedos abre de nuevo las aguas gélidas del lago. Me mira y me ordena caminar entre las paredes de agua que señalan un camino estrecho y sinuoso a través del fondo. El palacio de la reina Thais se alza detrás de mi, desfigurado por el velo traslúcido del agua. Ante la visión del palacio acaricio el colgante que Thais me había regalado momentos antes, en nuestra despedida; tenía la forma de un trisquel de nácar con una perla engarzada en el centro, ella me aseguró que me protegería durante la búsqueda.

Comienzo a andar por el sendero, Khor está a mi espalda. Vuelvo a mirar sus grandes y rasgados ojos verdes. Está invocando algo. Sí, un débil destello destaca a lo lejos, en la serena oscuridad abisal. Un temblor estremece la tierra. Tras unos instantes de expectación, un remolino se distingue en la lejanía removiendo las arenas del lago y enturbiando el horizonte. Pero es extraño, el tornado avanza en horizontal recorriendo el camino hasta acercarse cada vez más hacia nosotros. Siento mi corazón palpitar tremendamente rápido. Sigue leyendo


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Decisiones, malas decisiones

Me encontraba sentado en el suelo, la espalda apoyada en una piedra, el cielo sobre mi cabeza oscurecía por momentos, era cuestión de minutos que comenzara a llover. El campo de mi alrededor, yermo y desolado, plantado de cuerpos, teñido de rojo por la sangre de los que habían padecido, los que aún se aferraban a la vida con sus llantos y lamentos. La atmósfera era atroz, digna del final de una batalla.

Tenía frío, no encontraba consuelo, bajé la mirada a mis manos, efectivamente, estaban llenas de sangre, de mi sangre. Al levantarlas pude comprobar que la herida de mi vientre era tan grave como pensaba, no tenía otra opción que esperar la llegada de mi muerte. Los pensamientos inundaban mi mente, los recuerdos de toda mi vida venían claramente, no he sido el mejor hombre, simplemente he cumplido con los destinos que me han tocado vivir. Sigue leyendo


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Días felices

Me encontraba sentado en el suelo, la espalda apoyada en una piedra, el cielo sobre mi cabeza oscurecía por momentos, era cuestión de minutos que comenzara a llover. El campo de mi alrededor, yermo y desolado, plantado de cuerpos, teñido de rojo por la sangre de los que habían padecido, los que aún se aferraban a la vida con sus llantos y lamentos. La atmósfera era atroz, digna del final de una batalla.

Tenía frío, no encontraba consuelo, bajé la mirada a mis manos, efectivamente, estaban llenas de sangre, de mi sangre. Al levantarlas pude comprobar que la herida de mi vientre era tan grave como pensaba, no tenía otra opción que esperar la llegada de mi muerte. Los pensamientos inundaban mi mente, los recuerdos de toda mi vida venían claramente, no he sido el mejor hombre, simplemente he cumplido con los destinos que me han tocado vivir. Sigue leyendo


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Los viajes de Hada (II). En el reino del lago

13058-underwater-castle-1920x1080-fantasy-wallpaperUna luz cegadora, aún más resplandeciente que el sol. Humedad por doquier y aunque respiro con dificultad sigo viva. El destello llega bajo mis pies pero no puedo ver cuál es su fuente, cientos de burbujas se pierden a mi alrededor formando diminutos arcoíris en contacto con los haces de luz; intento cogerlas con las manos pero topo con una pared que no puedo ver, sólo tocar. Al parecer viajo por el agua en una cápsula hecha de un material transparente de textura gelatinosa y entonces recuerdo, el lago helado, las manos que me acogieron… ¿De dónde proviene esa maldita luz ? Sigue leyendo


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La leyenda de Leuciana

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Había una vez una minúscula mota de vida, una semilla tan liviana que recorrió centenares de kilómetros viajando a través de las turbulencias del cielo. Su madre, una belleza entre los álamos del mundo, la vio marchar rumbo a otras tierras lejanas y entre lágrimas logró decirle estas palabras:

– Ve Leuciana. No tengas miedo. Aprenderás a lo largo del camino los secretos del mundo, de la naturaleza. No me olvides nunca, hija mía.

Días después de tan triste despedida, el pícaro viento del Oeste rugía con fuerza en los últimos días de primavera. Leuciana cabalgaba sobre su lomo sobrevolando el Atlántico, cuando una mañana desde su vista privilegiada de pájaro divisó un hermoso lugar, un valle rodeado por el monte donde dos ríos se enlazaban.

El bravo sonido del agua acudía a sus oídos y el estruendo de las hojas de los árboles bamboleados por la furia del vendaval la hipnotizó, atrayéndola hacia aquel remanso. Después de mucho esfuerzo Leuciana logró posarse sobre un minúsculo grano de tierra sobre una isla en medio del mar de ríos. El lugar parecía algo solitario pero entre el estruendo del viento pudo distinguir el sonido de cientos de aves que pasaban por allí y que la acompañaban. En aquel momento lo decidió. Allí echaría sus raíces, crecería y daría comienzo su historia. Sigue leyendo


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Los viajes de Hada. El bosque helado

cielo-estrellado-en-el-bosqueUn escalofrío recorre mi cuerpo mientras nado en la oscuridad de la inconsciencia. Vuelvo a sentirlo de nuevo y luego otra vez más; molesta abro los ojos e intento desperezarme pero no puedo, mis músculos están entumecidos. ¿Dónde estoy? No recuerdo nada. Lo único que reconozco es el mullido y húmedo colchón de hojas bajo mi cuerpo, me incorporo. Aún está oscuro en la entrada del bosque sólo una tímida luz azul comienza a aparecer por el Este. Hace mucho frío, las ramas desnudas permanecen cubiertas de escarcha. Son madera muerta, son sombras fantasmagóricas de lo que un día fue la vida, el calor. ¿Cómo he llegado hasta aquí? Siento mi mente tan pesada como el vaho denso que se arremolina frente a mi nariz casi puedo tocar los minúsculos cristales de hielo. Sigue leyendo


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Inocencia

Me encontraba sentado en el suelo, la espalda apoyada en una piedra, el cielo sobre mi cabeza oscurecía por momentos, era cuestión de minutos que comenzara a llover. El campo de mi alrededor, yermo y desolado, plantado de cuerpos, teñido de rojo por la sangre de los que habían padecido, los que aún se aferraban a la vida con sus llantos y lamentos. La atmósfera era atroz, digna del final de una batalla.

Tenía frío, no encontraba consuelo, bajé la mirada a mis manos, efectivamente, estaban llenas de sangre, de mi sangre. Al levantarlas pude comprobar que la herida de mi vientre era tan grave como pensaba, no tenía otra opción que esperar la llegada de mi muerte. Los pensamientos inundaban mi mente, los recuerdos de toda mi vida venían claramente, no he sido el mejor hombre, simplemente he cumplido con los destinos que me han tocado vivir. Sigue leyendo